Con esta imagen adjunta me escribió un correo Guillermo Guerrieri, desde San Antonio de Areco en la República Argentina, me emocionaron tanto las palabras que le dedica a este blog que al mismo tiempo me avergonzaron por la dificultad que tengo para publicar de forma constante.
He querido atesorar sus palabras y compartirles esta imagen del taller de los Brugalla, evocadora y nostálgica, un pequeño universo cuyo vórtice concluye felizmente en la lectura. Gracias por la imagen Guillermo y cuente desde ya con un amigo sincero desde México.
Amigo Rodrigo:Soy lector del tu blog del que voy aprendiendo y tomando ideas.
Estoy en mis primeros pasos en el fascinante mundo de la encuadernación
y fabricando -como puedo- mis primeras herramientas. Te escribo en la
fe de que recibirás el presente correo, no estoy en la seguridad de que
esta sea tu casilla.Soy un prematuro jubilado por razones de salud, y
creo que he encontrado un motivo para seguir haciendo cosas en casa;
una forma de demostrarme a mí mismo que recién comienza una etapa
productiva de mi vida (a los 55). Y tú, con tus links y comentarios, me
estás ayudando a la distancia.Pero el motivo de éste es enviarte una fotografía aparecida en El
País de España en la edición de ayer (por si no la has visto ya). Se
trata de una fotografía del encuadernador en su taller (que tú me has
hecho conocer hacia finales de Abril). Va como archivo adjunto. Te pido
me disculpes por no saber como enviarlo directamente al blog, pero
también estoy dando mis primeros pasos en este metier de la
comunicación electrónica.He nacido en San Antonio de Areco (Provincia de Buenos Aires) pero
hace cuatro años que resido en la ciudad de Salta en el extremo
noroeste de Argentina. Aquí me casé con Elena Altuna, titular de la
cátedra de Literatura Hispanomericana, y estoy comenzando a reparar
algunos libros de su poblada biblioteca y -también- editando sus
propios textos.No quiero robarte más tiempo, pero he querido contarte que aquí
tienes un seguidor de tus inquietudes y que has devenido en mi
lazarillo en este fascinante metier.Actualización 24 / Junio / 2009
Esta imagen
ilustró un artículo de Margarita Riviére publicado en el diario español
“El País” el 16 de abril del 2006 asi que lo incorporo al blog para tenerlo
como fuente de consulta.Entrar hoy en su taller es viajar a lo mejor del pasado. Ahí están el
Renacimiento junto a las novelas de Eduardo Mendoza. La escena real no
se ha movido desde que, en 1943, se amplió por última vez: muebles,
herramientas, objetos permanecen perfectamente ordenados en pequeños
armarios clasificatorios. El silencio es total, pero estamos en pleno
Eixample: así debieron de ser algunos interiores de manzana. Un reloj
funcional marca, puntual, la hora. En dos pequeñas habitaciones
contiguas, vitrinas coleccionan libros antiguos. Asombro y
recogimiento: el lugar, hoy, es un pequeño museo de uno de los trabajos
más exquisitos de la historia: la encuadernación, entendida como arte
de élite, que transforma el libro en magia, pieza única, placer en
extinción.Santiago Brugalla, de 76 espléndidos años, abre, jovial, la puerta al
visitante. Está en el taller desde hace 62 años: “Ha sido un buen
oficio, mi padre lo vio enseguida”. Sigue en activo, aunque a medio
gas: trabaja solo, escuchando la radio. “Aquí éramos hasta 25
personas”, comenta; “las chicas cosían, preparaban y lavaban los libros; los chicos hacíamos la encuadernación”. Es el último de Filipinas
de un oficio que “en España siguen aún dos o tres más”: otro mundo que
se acaba. Ha preparado el ritual habitual para interlocutores novatos:
primero nos sentamos, me habla de su padre, “el gran Emilio Brugalla,
él se lo hizo todo solo”, me da un currículo, luego pasamos a ver el
taller, la increíble colección de hierros y ruedas de grabador, las
letras, los colores, los bocetos y el resultado del proceso: los
libros, pequeñas maravillas de valor incalculable.“Este taller
empezó en 1931. Yo iba al colegio, al Liceo Francés, y correteaba por
aquí. Me fascinaba. A los 14 años pasaba nueve horas diarias como
aprendiz. No era el fill de l’amo. Estudié historia del arte y
oficios relacionados en el Institut del Teatre, la Escola Massana y la
Llotja: no escogí ningún oficio porque el mío debía ser este”. Dice que
ha sido feliz todas las horas que ha pasado en esta reliquia
barcelonesa: su entusiasmo lo confirma.Su padre dejó escritos
varios libros sobre encuadernación y algún pequeño opúsculo (en
francés) para iniciarse en el goce del ritual: “El encuadernador debe
mantener una tenue parfaitement tranquille (…) La mano nunca
debe contraerse gratuitamente (…). Un violín no se toca con la mano
crispada, sino con la punta de los dedos”. Encuadernar es como hacer
música. Absortos en su tarea, toda una vida de guerras y convulsiones
circulaba fuera del taller. Ellos se enteraban, pero su oficio era una
especie de trinchera inviolable.Santiago no viajó al extranjero
hasta que, en 1952, fue a Francia a un encuentro de encuadernadores:
“Allí pasaban cosas que no conocíamos. ¡La gente se besaba por la
calle! Ahora nos damos cuenta de lo mucho que no pudimos hacer con el
franquismo”. Sólo ha salido del taller cuando le han reclamado sus
colegas de Suiza, Francia o Estados Unidos: la firma Brugalla
-compartida por padre e hijo- está considerada una de las grandes del mundo de la encuadernación, ha recibido los premios y honores más cotizados, pero eso no le ha cambiado la vida en 62 años.“Tuve suerte: hacer esto me produce mucho placer. Hay dos variables: el libro de estilo y la obra de creación”,
puntualiza. La primera recrea el pasado a la manera de cada época,
siguiendo métodos iniciados en el Renacimiento francés: algo de una
complicación inaudita. La segunda es lo que él llama obra de creación. “Este es un oficio artístico: nada de artesanía o de artes populares. Es arte de élite, massa i tot.
Me importa la estructura, el color, el significado, transmitir placer
espiritual”. Para hacer un solo libro, su padre pasó un año; él ha
tardado cinco o seis meses en algunas piezas que muestra orgulloso. Ha
hecho reproducciones fotográficas: todo está catalogado. Aquí está un Viaje a la Alcarria
que hoy guarda la Biblioteca Nacional de Madrid, unos poemas de Mao
ilustrados por Dalí, el libro de visitas de la Fundación March… Ahora
los mecenas son las instituciones.Con Santiago -”catalanista,
nunca separatista”- se acaba la dinastía. Su hijo es pianista; su hija,
experta en Bellas Artes. ¿Qué pasará con el taller? “Me gustaría
preservar su unidad”, dice, modesto. ¿Irá la colección Brugalla a la
Biblioteca Nacional de Cataluña? Sonríe: “Soy optimista. El fuego no se
apaga”. Salgo pensando que he sido testigo de una Barcelona desconocida
que ya es historia.PERFIL
Santiago Brugalla, de 76 años, cierra una dinastía que durante
casi 100 años ha dado a Barcelona el prestigio de la más fabulosa
encuadernación de lujo del mundo. “Un arte totalmente de élite, ‘massa
i tot” . Él lleva 62 años en el mismo taller de la calle de Aribau. En
2007, 40 de sus obras se expondrán en un congreso internacional en
Cádiz.
mayo 29, 2009 at 2:10 pm
En esta intersecciòn de deseos, acciones, actividades, les escribo,
tanto a mi compatriota Guillermo, como a mi compatriota Rodrigo (soy
una nueva argenmex). Me anima escribirles, pues hoy, justo hoy, mi
amiga y maestra de cartonerìa (esa es mi actividad y dejo fe con mi
blog), me enseñarà los primeros pasos de encuadernaciòn.
Soy Lic en Bellas Artes, de la Universidad Nacional de Rosario, y el
conocimiento de la encuadernaciòn siempre ha sido como un gran deseo y
un enorme pendiente. Hoy comenzarè. Esta pàgina, Rodrigo, es
maravillosa. Y sus palabras, Guillermo alentadoras. Siempe se es joven
a la hora de emprender con creatividad la reinvenciòn de la propia
vida. Va mi abrazo para ambos. Sil de Mex