Tapas de madera pintadas. Los evangelios Freer

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Evangelios Freer o Códice Washingtoniano
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Mateo (izq.) y Juan (der.)
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Lucas (izq.) y Marcos (der.)
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Páginas de los envagelios Freer

De acuerdo con John Lowden en su ensayo The word made visiblePainted Wood Covers:

Durante los siglos II al V el uso del cuero para recubrir una encuadernación fue una constante y por tanto, fue omnipresente en la antigüedad tardía, sin embargo las encuadernaciones con tapas de madera pintadas parecen haber sido muy raras.¹ No se tiene más que un solo ejemplo sobreviviente, las portadas de los evangelios griegos de principios del siglo V (“Codex W”) en la Freer Gallery of Art de Washington, DC (comprado por Freer en El Cairo en 1907).² Desde que fueron publicados por primera vez por Charles Rufus Morey en 1913 y 1914, estos paneles se han estudiado relativamente poco.³

Su ejecución es sin duda posterior al evangelio manuscrito griego que encierra, y Morey concluyó que fueron pintados muy probablemente en la primera mitad del siglo VII, una fecha aceptada por lo general. A pesar de la fragilidad de la superficie pintada con sólidos pigmentos encáusticos están sorprendentemente bien conservados. En algún momento a las tapas se le colocaron cadenas, en apariencia para evitar que abriera por completo y quizás por tanto, para ofrecer al manuscrito un mínimo de protección.

Cada panel biselado mide 21.3 x 14.5 x 1.6cm aproximadamente el tamaño de una novela de bolsillo moderna. Los rastros de pigmento en fragmentos de enlaces situados en los bordes de las placas indican que el cuadro fue ejecutado con el libro ya encuadernado, siendo esto notable. Los evangelistas de pie con aureolas amarillas de gran tamaño -a imitación de pan de oro pues el pigmento se ha identificado como oropimente– llenan el espacio disponible. Sobre la tapa mejor conservada las figuras barbadas fueron identificadas por las inscripciones: Lucas a la izquierda y Marcos a la derecha. La tapa mucho menos conservada, tiene presumiblemente a Mateo a la izquierda, y un fragmento de Juan a la derecha. El orden Mateo, Juan, Lucas y Marcos es el que guardan los Evangelios en el manuscrito, otra característica muy importante. Cada evangelista muestra un gran libro con una cubierta al parecer de oro y piedras preciosas. Las manos cubiertas con la que las figuras sujetan los libros son una indicación de la reverencia y quizá también, un recordatorio del modo en que fueron utilizados los Evangelios Freer.

Debido a la fragilidad de las superficies pintadas en las cubiertas, su practicidad debe estar abierta al cuestionamento. Cuando se recuerda que las mismas decoraban un libro mucho más antiguo, parece razonable preguntarse si quizás fueron hechas para consagrar de algún modo el texto, un texto que tal vez se había ganado un estatus de reliquia debido a su asociación con algún santo. La disposición más tarde de las cadenas, impidiendo efectivamente el uso del texto, parece confirmar esta “consagración”. El texto griego se había vuelto cada vez más ilegible en un medio copto cuyo característico bilingüismo de los primeros siglos había declinado gradualmente. De esto se deduce que las imágenes de las portadas tuvieran una función especial: actuaron como una guía para, un sustituto de facto de lo que estaba encerrado dentro. Las muy legibles inscripciones (Mateo, Juan, Lucas y Marcos), proveen al espectador la información necesaria. Una sugerencia es que se trataba de un libro que, para el momento en que las tapas fueron decoradas, fueron pensadas para la contemplación y el uso procesional, no para ser leído de manera rutinaria durante la liturgia. Fue a su vez esta falta de uso “normal”, debido a su especial estatus, que se garantizó la supervivencia de la frágil superficie pintada sobre las tapas. Cuando no estaba en uso, el libro era mantenido probablemente envuelto en un textil para una mayor protección.

Esta excepcional encuadernación de los Evangelios Freer fue resultado de circunstancias históricas excepcionales. Las tapas estaban incialmente desnudas, ya que en el siglo V era la forma en que se terminaban (ver el Códice Glazier). Múltiples orificios en la zona de cabeza y frente muestran que, como el Códice Glazier, los Evangelios Freer fueron asegurados originalmente con largas bandas de cuero. Fueron quizás omitidas a medida del daño que provocaban en la superficie de la pintura, o se habían roto ya cuando se pintaron las tapas. Los Evangelios Freer habrán sido manuscritos de principios del siglo IV, y podría haber sido una encuadernación con algún tipo de envoltura. Si hubiera sido un producto del siglo VI, probablemente habría tenido tapas forradas en cuero, en ambos casos, sus tapas no habrían sido faciles de pintar en una fecha posterior. Fue el cambio de técnicas de encuadernación del códice en Egipto que explica en parte estas cubiertas pintadas, y el deseo en un momento posterior de preservar y embellecer la encuadernación original con el venerable evangelio griego conservado en su interior.

Notas

¹ Hay ejemplos de Antinoë (Siglos III y IV) de paneles de madera con decoración incisa y sin tapas de cuero; ver Arte Copte en Egypte, no. 40. Para las tapas plenas en cuero en los primeros códices, ver Szirmai, The Archaeology of Medieval Bookbinding, 23-26. Hay un ejemplo del siglo XII de Gerona de un libro con cubiertas figurativas de madera tallada, consulte Stenbock, Kirchliche Prachteinband, no. 85; no está claro si los paneles podrían originalmente han sido dorados o pintados.

² Los paneles tiene la claves F1906.297 (Mateo y Juan), F1906.298 (Marcos y Lucas). El texto fue publicado como Facsimile of the Washington Manuscript of the Four Gospels in the Freer Collection, ed. Henry A. Sanders (Ann Arbor, 1913): Charles Rufus Morey, The Painted Covers of the Washington Manuscript of the Gospels, en su East Christian Paintings in the Freer Collection (New Yor. 1914), 63-81. Ver también Henry A. Sanders, “New Manuscripts of the Bible from Egypt”, American Journal of Archaeology 12 (1908): 49-55, fig. 3; Hugo Buchthal y Otto Kurtz, A Hand List of Illuminated Oriental Christian Manuscripts (Londres, 1942), núm. 309.

³ Algunas excepciones son Jules Leroy, Les manuscrites coptes et coptes-arabes ilustrés (París, 1914), 87-89, fig. 26; Gary Vikan Byzantine Art as a Mirror of Its Public, Apollo 118 (1983): 164-67; Kurt Witzmann An Early Coptic/Arabic Miniature in Leningrad. Ars Islamica 10 (1943): 119-34, esp. 124-25.

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Facsimile of the Washington Manuscript of the Four Gospels in the Freer Collection

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