Encuadernador tradicional, continuador de las técnicas clásicas del oficio

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Este articulo fue publicado originalmente en el diario “La Vanguardia” el 4 de Junio de 2008 y he querido recopilarlo pues el excelente trabajo de divulgación del encuadernador catalán Josep Cambras se materializó en un par de manuales muy precisos, quizás los mas completos y mejor editados de habla hispana entorno a la encuadernación artesanal contemporánea. Que lo disfruten.

Entrevistamos a Josep Cambras, profesor de encuadernación en la Escola d’Arts i Oficis de la Diputació de Barcelona desde 1985. Toni Rubies y Patricia Plaza

“Encuadernador de dilatada trayectoria, Josep Cambras mantiene abierto un taller en el que trabaja indistintamente las encuadernaciones de alto valor artístico y bibliográfico y las más humildes publicaciones. La adaptación de las viejas técnicas a las nuevas tendencias y materiales ha sido una de las constantes en el ejercicio de su actividad profesional”

¿Cuál es su profesión y en qué consiste, a grandes rasgos?

En pocas palabras, se podría decir que mi profesión consiste en vestir a los libros, en protegerlos, en dignificar el exterior de éstos con distintos materiales y ornamentaciones.

¿Desde cuando se dedica a ello? ¿Ha recibido algún tipo de formación teórico-práctica?

Comencé a aprender el oficio en la Escuela del Trabajo de Barcelona, a la edad de 14 años. Posteriormente, fueron algunos compañeros de profesión los que me mostraron otras técnicas y métodos de la vieja escuela, que también aplico al dia de hoy.

El conocimiento, ¿cómo se transmite de generación en generación?

En mi caso no fue mi padre, dado que él no se dedicaba a la encuadernación, aunque fueron las generaciones pretéritas las que me mostraron algunos de los secretos de este oficio. Hay fuentes de conocimiento que no está plasmado en los libros y ha ido pasando de generación en generación a través del lenguaje oral, de maestros a aprendices. Actualmente, existen escuelas especializadas y hay buenos maestros que se dedican a ello.

¿Cómo empezó a dedicarse a este oficio? ¿Qué fue lo que despertó su interés?

Mi madre tenia una pequeña papelería, y cuando venía algún libro para encuadernar, yo lo llevaba a un encuadernador que estaba en el barrio del Raval. Recuerdo especialmente que el olor a cola lo impregnaba todo, y aquel aspecto que tenia ese taller, lleno de papeles y libros antiguos… todo ello fue acrecentando mi curiosidad e interés por el arte de la encuadernación como hace cinco siglos.

¿La tradición de la “vieja escuela” se pierde con el paso de los años? ¿Por qué?

Se va perdiendo poco a poco. Siempre ha sido un oficio de minorías, y ahora cada vez más. En la actualidad ya se han perdido los grandes talleres artesanales de principos del siglo XX. Actualmente, la gente que aprende este oficio quiere ver recompensados sus esfuerzos rápidamente y todo requiere su tiempo. De todos modos siempre quedará gente fiel al metodo tradicional…

¿Qué tipo de trabajos realiza más habitualmente? ¿Cuál es su especialidad?

La verdad es que no hay un trabajo habitual propiamente dicho. Aquí se encuaderna desde el clásico libro de bolsillo a grandes obras de bibliófilos. El hecho de no trabajar en serie a nivel industrial hace que cada cliente, incluso cada libro en particular, sea un mundo aparte a tratar.

Por tanto es un oficio, una profesión, que personaliza el servicio a cada cliente, a cada libro. Cite algunas de las técnicas que adapta o sus variantes…

En cuanto al esqueleto de la encuadernación, a grandes rasgos podriamos distinguir entre tapa suelta y tapa montada. Referente a la decoración del libro existe el gofrado, el dorado y el mosaico, fundamentalmente. Éstas son técnicas ancestrales que se han ido adaptando a lo largo de los años.

¿Y en sus clientes, se da algún perfil concreto?

No hay un perfil de cliente definido, sino que me encuentro con una gran variedad de casos, aunque siempre cliente particular, amantes de los libros, bibliófilos, coleccionistas…

¿Alguna anécdota de su profesión que quiera explicar?

Muchas, aunque ahora recuerdo un caso en el que vino un señor que había heredado una biblioteca temática de unos 1.500 ejemplares y me dijo que los queria encuadernar todos, alguno en piel otros en media piel, otros en tela… me preguntó cuanto costaría y para cuando estarian listos. Mucho a mi pesar le tuve que decir que yo no era la persona que buscaba, ya que yo dispongo de un taller artesanal poco capacitado para asumir tamaño volumen de trabajo.

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