Dulce María Luna. Encuadernadora de Sueños

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En el camino de la vida no temas ir despacio… solo teme no avanzar. Karl Richter. Organista y director de orquesta alemán

Lo que hoy llamamos arte, por lo regular, comenzó siendo un oficio. Músico, pintor, escultor y poeta tuvieron cada quién que aprender los rudimentos de su tirocinio artesanal, sujetarse a las convenciones impuestas por la sociedad, luego a la larga e inflexible instrucción de su maestros, y una vez obtenida la ansiada matrícula, continuar con la tradición heredada de mucho tiempo atrás.

De cuando en cuando en la melancólica soledad del taller -sin aprendices de por medio- el maestro artesano perfeccionaba su destreza, de los diminutos a los grandes “misterios” de su oficio, el artesanado fue agregando lentamente un conocimiento tan vasto que, una persona sensible, no puede menos que encogerse humildemente de hombros ante la prolijidad de este universo. ¿Ha existido un músico que capaz de heredar e interpretar toda tradición y estilo musical? Sin duda la respuesta es no, y si fuera capaz de hacerlo tal vez tuviera vacíos importantes en su calidad interpretativa.

El libro, ese objeto al que los encuadernadores le consagramos nuestro trabajo diario, puede parecernos muchas veces, sin querer, como una pieza musical ejecutada con desgano; el encuadernador tiene la difícil tarea de enfrentarse diariamente a un mismo objeto “una suma de cuadernillos -cosidos, pegados o amarrados- protegidos por una cartera susceptible de ser decorada a voluntad” que no un mismo libro, insisto, y que hace de alimento diario a la pasión por nuestro oficio; tal y como el músico se enfrenta a la interpretación diaria de una partitura, idéntica en sustancia, pero afortunadamente rica en esencias ya que, parafraseando a Heráclito, ningún encuadernador puede ser capaz de encuadernar dos veces el mismo libro.

Repetir los procedimientos una y otra vez, hasta adquirir la destreza necesaria para ejecutar las técnicas de acabado de un libro, es lo que antaño se conocía como “fit fabricando faber” (el artesano se forma trabajando) esta aparente monotonía es la que nos permite volcar nuestra atención en nuevas formas de utilizar nuestros medios y herramientas.

Para llegar a este momento el encuadernador habrá proporcionado a su encuadernación la cualidades estructurales básicas para la preservación del texto, es el momento de usar la anatomía del libro tal como el escultor se debe a su bloque de mármol, una oportunidad inmejorable para cargar a este dinámico conjunto (texto, hojas, guardas y tapas) con una voz alterna al texto, nace entonces la encuadernación de arte, y de esta ha nacido otra que luchó, hace ya tres décadas, por independizarse de la palabra: el libro de artista

Tener como encuadernador la oportunidad de contemplar el trabajo de Dulce María refleja la ardua tarea de doblar y doblar esquinas, darle acabado a los promontorios de cajas y carteras, contemplar asombrado la tersura de la piel al tiempo que convenimos con ella su obediencia, verán en esta primera fase de su trabajo la importancia del “saber hacer” como fruto inequívoco del “aprender haciendo” que sus maestros le enseñaron

También he valorado de Dulce María su proceso creativo, al igual que el músico profesional logra superar la literalidad de su pieza, nuestra encuadernadora hace de su pieza la recreación del momento más significativo del libro del escritor español Miguel Hernández, la cárcel y una pequeña ventana que mira a una pared de tabique como único reducto del mundo exterior. De forma inversa observarán una pieza en la que Dulce María nos invita a dar la vuelta al libro en 80 mundos, asaz atrevido intento de intervenir en el formato de la encuadernación, mas sin embargo, notable muestra de su quehacer ligatorio

De lo que no he sido capaz al ver su trabajo es de encuadernar sus pensamientos para leerlos, no existe un telar para hacer esto, ni mi experiencia suficiente para juzgar sus propósitos, Dulce María aprende la difícil técnica de encuadernar sus sueños a partir de realidades concretas, nada mas doloroso que juntar los cuadernillos que corresponden a su existencia para coserlos, sin que pueda evitar pincharse el alma con esas agujas llamadas memoria y conciencia; y nada mas difícil cuando concluya su encuadernación, que colocarse en la prensa a esperar que alguien la lea, en un futuro, con la misma pasión y cuidado que tuvo para unir las historias que ahora presenta. Estos últimos libros son para ustedes, sus espectadores, materia de reflexión

Las encuadernaciones que hoy se presentan en este recinto son parte de ese libro intangible que a diario cose Dulce María. Agradezco la sensibilidad de esta institución por abrir sus puertas a este noble oficio, y los felicito por la oportunidad que le ha sido brindada a esta brillante y empeñosa “compactor librorum” oficio el suyo que deviene arte paulatinamente en nuestro país, y que por esfuerzos tan loables como este, lo colocan de nuevo como una impronta de respeto y milenaria sabiduría

Rodrigo Ortega

Link:

Encuadernación La Antigua

  • responder Carlos Quesada ,

    Interesante trabajo, original y con ciertas sutilezas que poco se ven hoy en los libros,aparte de la creación en el diseño de tapa, el detalle de terminación en la cinta marcadora refuerza la impronta personal del artista.
    Felicitaciones!!!

    • responder alina ,

      todo lo que tu haces es muy chylo

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