Octubre 2006

Ornamento y Delito. Adolf Loos

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«Hacerlo todo por una razón, hacerlo todo de modo que la razón resulte aparente y se justifiquen los medios en busca del fin es el primer principio del arte, en tanto que el primer principio de la moda es hacerlo todo sin mas razón que la de hacer algo diferente» Ch. Percier y P. F. L. Fontaine. Recueil de Décorations Intérieures. París. 1812

El ornamento como núcleo central del proceso decorativo ha sido estudiado desde el siglo XVIII por diversas disciplinas del conocimiento. Mucha tinta se ha consumido estudiando su comportamiento, y sus implicaciones en el ser social, y mucha mas se invertirá en tratar de dar con las razones que condujeron a nuestros ancestros a desarrollarlo.

Hoy por hoy es innegable la carga ritual que tuvo el ornamento primitivo como recurso para invocar la fertilidad del hombre y de su entorno, como un remedio infalible a un sinfín de calamidades, o como simple amuleto que diera garantía del orden y estabilidad del universo. 
Esta noción de estabilidad corre por debajo de los procesos de enmarcado, rellenado y vinculación de los ornamentos, así nuestro desarrollado sentido del orden nos obliga a verificar constantemente que “el sol salga por el horizonte, en la lógica mas simple, porque en los días anteriores lo ha hecho así” (Hume) 
tal vez esta sea la única noción que subsiste en la actividad ornamental de hoy en día, ya que nuestras artes decorativas han perdido gran parte de sus motivaciones primigenias, los valores que tuvieron como fetiche, como medios imprescindibles para alcanzar un fin, y han sido superados en aras de la iconoclastia posmoderna. Sin embargo esta afirmación no niega el caracter ritual que el ornamento pudiera tener hoy en día en la gran mayoría de manifestaciones religiosas.

La ornamentación tal y como se practica hoy en día en el arte ligatorio es un signo sin mas anclaje con la realidad que el objeto de su representación (entrelazos, florones, cornucopias, etc.) nuestros hierros ornamentales han dejado de ser un elemento con vinculos mas allá de lo físico, convirtiéndose en un simple objeto de diseño
 esta ha sido la razón por la que exploro otra veta del oficio. “Ornamento y Delito” significó el rompimiento con un estilo, el Art Nouveau, que hecho raíces en el diseño del siglo XIX en la arquitectura y el diseño gráfico; plantea de manera tajante la imposibilidad de nuestras generaciones de crear ornamentos, somete a juicio el valor del ornamento en una época carente de estilos y pone en duda nuestra capacidad de encontrar deleite en ellos, argumento que el encuadernador e impresor T.J. Cobden Sanderson ya había citado, cuarenta años atrás, respecto al trabajo de William Morris
 «No creo que el placer de un trabajo lo produzca la ornamentación, ni tampoco creo que la ornamentación tengan un privilegio especial para la consecución de la felicidad. La ornamentación nace de una facultad que puede o no estar precedida, acompañada o seguida por la felicidad». 
Para entender los motivos ornamentales de los estilos ligatorios del pasado es necesario tomar en cuenta que el ornamento se constituyó como un código inseparable que atendía a ciertos fines, y en cuanto tal, es necesario estudiarlo en cada una de sus partes. De este modo podremos avanzar con paso firme para comprender los mecanismos que llevaron al arte ligatorio a evolucionar en la actualidad y las nuevas ideas que influyeron en la proyección de la encuadernación moderna y contemporánea
. A continuación y a modo de prólogo al ensayo de Adolf Loos coloco una breve introducción del historiador y teórico del arte E.H. Gombrich publicada en el libro “The Sense of Order” que nos ubica en la corriente de pensamiento de este arquitecto austriaco pionero de la arquitectura moderna.

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Felipe Parada y el taller de encuadernación de la Penitenciaria Nacional

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Por Eduardo Tarrico Villafañe

A solo cinco cuadras de donde vivo, en el barrio de Palermo en la Capital Federal de Buenos Aires, funcionó hasta 1962 la Penitenciaria Nacional de Buenos Aires. Desde ese entonces su lugar fue ocupado por el parque Las Heras, un pequeño pulmón que alimenta la vida del barrio. Para mi, siempre fue un parque ya que nací en 1978. Además, por la cercanía, fue el que más utilicé de niño con mis padres, de adolescente para jugar al fútbol con amigos y de más grande para pasear a mi perro. En mi familia todos tienen una historia con el lugar. Mi padre pudo recorrer la penitenciaria mientras la demolían; mi abuelo, cuando era niño y Buenos Aires era otro Buenos Aires, jugaba al fútbol con sus amigos sobre uno de los paredones de la cárcel y el vigía desde lo alto arbitraba el encuentro con su silbato.

Hace unos años adquirí un libro “La Encuadernación al Alcance de Todos” de Felipe Parada. Lo primero que me llamó la atención fue leer en la portada: “Felipe Parada. Técnico Profesional. Maestro-Jefe de Encuadernación de la Penitenciaria Nacional”. Mi abuelo y mi padre, ambos amantes de la historia, me contaron que por ese entonces en la penitenciaria funcionaban talleres de todo tipo, entre ellos uno de encuadernación. No fue nada fácil obtener datos sobre estos talleres. Existe información sobre la penitenciaria, algunos libros que cuentan su historia, pero que poco refieren sobre los talleres y su funcionamiento. De Felipe Parada nada pude averiguar. Me gustaría saber mucho más sobre su vida, el desarrollo de su oficio y su obra. Lo que es un hecho es que trabajaba en la penitenciaria y que era un gran encuadernador. Por suerte, su libro incluye algunas fotografías en blanco y negro de sus trabajos, que hablan por sí solos. Aquí incluyo las fotografías junto con los epígrafes originales del libro:

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